Casas astrales: Casa astral X

Lo que la Casa novena vislumbra, la décima lo trae a la tierra. Es el punto más elevado de la carta, y los emplazamientos que aquí haya se ‘destacan’ por encima de todos los otros en el horóscopo; corresponde a aquello que en nosotros es más visible y accesible a los demás. Liz Greene dice que la décima Casa es nuestra ‘taquigrafía social’, la forma en que más nos gustaría que nos viesen los otros y la descripción que les damos de nosotros mismos. Aquí esperamos alcanzar logros, honores y reconocimientos, es aquello por lo que más nos gustaría que nos recordasen como nuestra contribución al mundo. Es la Casa de la ambición, tras la cual se ocultan, apremiantes, la urgencia y la compulsión de ser apreciado y reconocido. La naturaleza de nuestra contribución a la sociedad, lo mismo que nuestro status y el lugar en el mundo, se manifiestan aquí, arrojando luz sobre la carrera y la vocación, al mostrarnos la clase de energía que exhibimos, o con la que tropezamos. Así como la cuarta Casa va asociada con el padre la décima se le asigna a la madre. Al comienzo de la vida ella es para nosotros el mundo entero; por eso la naturaleza de lo que sucede entre madre he hijo vuelve a emerger en una etapa posterior del desarrollo, como nuestra peculiar manera de conectarnos con la sociedad y el mundo ‘de afuera’ en su totalidad. La situación de combate con la madre configura un modelo de situación de combate con el mundo; y el factor subyacente en la elección de profesión es el deseo de ganarse el amor de la madre (con lo cual nos aseguramos la supervivencia). La décima Casa se extiende más allá de la madre (o del padre, según el caso), hasta designar nuestra relación con las figuras de autoridad en general. Desde su posición en lo más alto de la carta, la Casa X significa la realización y el cumplimiento de la personalidad individual mediante la satisfacción personal obtenida al valernos de nuestras capacidades y talentos para servir a la sociedad e influir sobre ella. Hay, incluso, quienes así podrán ganarse el aplauso y reconocimiento públicos de su valor y su dignidad. Cuando alcanzamos la Casa X ya hemos evolucionado y nos hemos ‘encarnado’ en la medida suficiente no sólo para tener un sentimiento más sólido y concreto de quienes somos, sino también para conseguir que nos estimen por ello.