Casas astrales: Casa V

En la Casa cuarta descubrimos nuestra identidad propia y distinta, pero en la quinta nos regodeamos en ella. La naturaleza de la vida es crecer, y esta casa refleja nuestra urgencia por expandirnos, por ser cada vez más y por irradiar lo que somos hacía afuera, hacía la vida, como el Sol. No nos contentamos simplemente con ser ‘alguien’, queremos ser alguien ‘especial’. Necesitamos brillar y crear desde nuestro propio interior, necesitamos sentirnos influyentes, y necesitamos sentir que hay otros que giran en torno nuestro.
Esto significa literalmente ser siempre el centro de la atención, una avidez de ser adorados, como el Sol. Hay dos principios en la base de esta casa, la necesidad de ser amado por lo que tenemos de especial y el deseo de crear desde nuestro propio interior. A esta zona se le atribuye la expresión creativa, las actividades artísticas, y la manera o estilo con que perseguimos nuestros objetivos, por ejemplo una pieza de música, puede ser intelectual, o brotar desde el corazón.
Las creaciones de la casa V incluyen también los deportes y la recreación, el juego de azar y la especulación bursátil, actividades en las que ponemos a prueba nuestra imaginación y nuestro ingenio luchando contra el azar y el destino. Se asocia también con los hobbies, las diversiones y las actividades placenteras del tiempo de óseo, cosas que impresionan como tremendamente triviales, y sin embargo tienen un efecto terapéutico.
También en esta casa vemos los romances (aumentan nuestra sensación de ser algo muy especial), la manera en que creamos el clima, es decir, los principios arquetípicos que se activan en tales situaciones; y el tipo de persona que inflama nuestros sentimientos. También la expresión sexual se vincula con la Casa V; porque una buena sexualidad contribuye a nuestra sensación de dignidad y poder, al subrayar tanto nuestra capacidad de dar placer como la de atraer a otros hacía nosotros. Y esto nos lleva a una de las principales representaciones de la quinta : los hijos, las creaciones del cuerpo y las extensiones físicas del sí mismo.
La mayoría de las personas expresan sus impulsos creativos mediante la generación de progenie. También es la Casa de nuestro propio niño interno, aquella parte de nosotros a la cual le encanta jugar y se mantiene eternamente joven. Invariablemente hemos de proyectar sobre nuestra progenie el estado de nuestro propio niño interior, y podemos curar a ese niño herido, dando a nuestros hijos el amor y la aceptación que nos fueron negados cuando niños. En la Casa quinta, creamos principalmente para nosotros mismos, porque el sí mismo encuentra júbilo y orgullo en hacerlo, y porque crear es parte de su naturaleza.