Casas astrales: Casa VII

La sexta Casa es la última de las conocidas como ‘Casas personales’, y representa el refinamiento de la personalidad individual mediante el trabajo, el servicio, la humildad y la atención a la vida cotidiana y al cuerpo físico. El Descendente es la cúspide de la Casa VII, y el punto opuesto al Ascendente (punto de la conciencia de sí), y al descendente se lo considera ‘el punto de la conciencia de los otros’. Describe nuestra manera de encarar las relaciones y las cualidades que buscamos en la pareja. Se la conoce también como ‘la casa del matrimonio’ y, cosa curiosa, como ‘la casa de los enemigos manifiestos’. Aquí se toma el matrimonio en el sentido de cualquier relación importante basada en un compromiso mutuo, ya sea contraído legalmente o no. Aquí dos personas se unen con un propósito: realzar la calidad de sus vidas al unirse, crear una familia, obtener mayor seguridad y estabilidad, aliviar la soledad y el aislamiento. Más que limitarse a describir la naturaleza del compañero/a, sugieren las condiciones de la relación: los arquetipos constelados por la unión misma. Aquí cabe mencionar el mecanismo psicológico de la proyección, ya que la Casa VII representa cualidades que ‘aunque pertenecen al individuo, son inconscientes’, y procuramos vivirlas por mediación de una pareja, o por las experiencias que nos aporta la relación. Tal como lo señala Jung, ‘cuando una situación interior no se hace conciente, acontece afuera, como hado o destino’. Es decir aquello de lo cual no tenemos conciencia de nosotros mismos, lo atraemos invariablemente a nuestra vida; no hay forma de escaparse del aprendizaje. Nos enamoramos de las personas que exhiben abiertamente los rasgos, que están en nuestro inconsciente, porque nos hacen sentir más completos y, al casarnos con ellas, ‘importamos’ esas cualidades a nuestra vida. Entramos en un juego de polarización con nuestra pareja y seguimos siendo solamente media persona cada uno. Es importante dejar en claro que la proyección no es un mecanismo puramente patológico. Una imagen proyectada es un potencial encerrado bajo llave en el sí mismo. Cuando surge la necesidad que esta imagen se de a conocer, el primer paso es percibirla en otra persona. Después cabe la esperanza que nos demos cuenta que eso tiene algo que ver con nosotros, y la recuperemos concientemente. También los ‘tribunales inferiores’ parecen entrar en el rubro de la Casa VII. Las normas sociales se generan para contrarrestar los excesos de la individualidad descontrolada, y para asegurar cierto grado de equidad y justicia en el comportamiento de los miembros de la sociedad; por eso la forma en que nos vaya en este tipo de tribunales también se ve en los emplazamientos de la Casa VII. La séptima Casa nos pone la tarea de enfrentarnos con otra persona y equilibrar ambos extremos de la escala; con el fin de no privarme ni privar al otro de su individualidad. El Rabí Hillel decía: – si no soy para mi, ¿quién seré? Y si solamente soy para mi, ¿qué soy?